Amsterdam, línea final

Participante: Beatriz García García

Acababa de llegar hacía pocos días a Amsterdam para llevar a cabo un curso. Estaba paseando por el centro con una amiga, visitando tiendas, tomando algo en una terraza… hasta que decidimos volver a casa.

Subimos a un tranvía, pensando llegar a casa pronto porque ya había empezado a hacer frío y estábamos cansadas.

El tranvía se fue quedando poco a poco vacío y eso nos extrañó un poco, pero seguimos sentadas en nuestros asientos. Cuál fue nuestra sorpresa cuando el conductor paró el tranvía, se bajó de él y nos dejó encerradas dentro.

Imaginaos el susto que nos dimos, todo oscuro, sin poder salir del tranvía. Nos acercamos a la parte delantera del tranvía y empezamos a golpear la puerta, llamando al conductor para que nos abriera. Pero ni nos veía y mucho menos nos escuchaba. Habíamos llegado a la parada final del tranvía, donde se quedaban los tranvías guardados después del trayecto y el conductor se había metido a una caseta donde había otros conductores y no se había dado cuenta que nos había dejado allí encerradas.

Después de llevar un rato intentando llamar la atención de los conductores sin éxito alguno. Pensamos tocar la bocina del tranvía para hacer más ruido y que así supieran que estábamos allí dentro. Y así fue… uno de los conductores se acercó al tranvía y nos abrió las puertas con una cara de súper enfado. Le contamos lo que nos había pasado atropelladamente porque estábamos muy nerviosas. Finalmente, él nos tranquilizó y nos dijo cómo podíamos volver a casa.

Después de varias horas, llegamos a casa, cansadas, pero por fin en casa.

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