¡A bailar flamenco!

Participante: Andrés Roselló

A través de una página web de intercambio de idiomas conocí a Carl, un americano de Bakersfield un pueblo muy cercano a Los Ángeles. La mecánica consiste en utilizar Skype u otras maneras de chat o videochat para ir intercalando conversaciones en los diferentes idiomas, para practicar tanto el escrito como el oral. Nuestra idea inicial era hablar una hora diaria cada idioma, pero congeniamos tan bien que nos conectábamos en cuanto teníamos un rato. E incluso se nos pasaban las horas charlando y riendo, y es que a veces es mucho más fácil de hablar de cualquier cosa con alguien que apenas conoces por muy diferente que sea el idioma.

No tardó mucho en aparecer la idea de hacer intercambio presencial, y lo organizamos todo para que él viniera aquí 15 días y yo me iría con él otros 15 días, y así fue. Tras esta breve iniciación os cuento la anécdota.

Ocurrió cuando fui allí, y él decidió aprovechar la primera noche para probarme y me dejó abandonado en otro estado con la idea de que fuera capaz de llegar hasta el pueblo con mi nivel de inglés. Mi idea principal era darle un sustillo, no podía ser que ya el primer día me viniera con ésas, y quería quedarme dos o tres días en un hotel o motel de carretera sin que tuviera noticias de mí, pero él venía siguiéndome y tuvo que darse cuenta de lo que iba a hacer porque apareció. Lo mejor de todo es que no teníamos manera de volver ni de coger la habitación porque mi tarjeta de crédito no iba y su cartera, cómo no, se quedó en el coche del amigo que nos llevó a un pueblo perdido del que no recuerdo ni el nombre pero que estaba en Utah, y que estaría todo el fin de semana fuera. O pensábamos en algo o nos quedábamos allí todo el fin de semana.

Conocimos a las dos horas a una pandilla de treintañeros con la fiesta ya comenzada y Carl le explicó lo sucedido; fue escuchar la palabra español y asociarla rápidamente: “Oh! oh! Si queréis que os llevemos baila flamencou!”. Carl me miraba con ojitos del gato con botas y con una media sonrisa, y yo solo pensaba en cómo un catalán del norte iba a bailar flamenco…  Pero evidentemente, si yo iba a bailar, Carl, que nos había metido en esto, no iba a ser menos; y bailamos, ¡vaya si bailamos! Como si fuéramos Sara Baras y Rafael Amargo, o por lo menos teníamos su misma intención porque aquello ni era flamenco ni era bailar ni era nada. Al parecer lo único que querían era jolgorio, porque coló y nos llevaron. Nos estuvimos riendo todo el camino, y estuvimos todo el día siguiente en Los Ángeles haciéndonos buenos amigos, nos lo pasamos tan bien que el verano pasado estuvieron unos cuantos aquí y como os imagináis les hice bailar country en plena Plaza Cataluña de Barcelona con las Ramblas a reventar, aunque aquello, ni era country, ni era bailar, ni era nada, pero también coló.

A Carl se la devolveré tarde o temprano, de eso no tengáis dudas.

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